Interna sangrienta en Newell’s

| martes, 23 de noviembre de 2010

La guerra está desatada. Y no hay quién la pare. La sangre, entonces, sigue derramándose. Y las balas repican. Vaya si repican. Suenan como en los viejos tiempos. Estremecen como en los 14 años de plomo que el club vivió bajo la tiranía del ex presidente Eduardo López. Hay aires nuevos, es cierto. Pero no en la barra brava. No en la tribuna. Allí, las internas se siguen dirimiendo a los tiros. Allí, la violencia es ley.


La disputa en el seno de la barra de Newell´s sigue siendo feroz. Quienes hasta hace poco compartían los paravalanchas, hoy se pelean por la conducción de la hinchada. La batalla entre los barras tiene hoy lugar en cada rincón de Rosario. Más aún tras la aplicación del derecho de admisión que dejó a los referentes de cada fracción afuera de los estadios (la Justicia extendió por 90 días más la prohibición de ingreso a los estadios para 107 socios).
El domingo por la noche, la interna tuvo un nuevo capítulo sangriento. Matías Pera (27), uno de los líderes del grupo que pretende desbancar a Diego “El Panadero” Ochoa, actual jefe de la hinchada, recibió cinco balazos en la espalda mientras caminaba junto a un amigo por la zona sur de la ciudad. Fue atacado por dos sujetos que le dispararon a quemarropa.
Milagrosamente salvó su vida. Fue operado de urgencia y ayer su evolución era favorable. “El paciente ingresó con impactos de bala en brazo derecho, en tórax, abdomen y dos en los miembros inferiores. Su estado es reservado pero estable”, describió Fernando González, médico de guardia del Hospital de Emergencia Clemente Alvarez (HECA). Ayer, la Policía no descartaba ninguna hipótesis. Sin embargo, las primeras pesquisas apuntaban a la interna de la barra. “Estamos trabajando en varias líneas. No hay que descartar nada”, dijo el comisario Daniel Cabrera, jefe de Inspección.
Pera fue quien a principio de septiembre sacó a Ochoa de la tribuna a los golpes y a las patadas. “Hice lo que muchos querían hacer. Nadie lo quiere como jefe”, dijo en ese momento. Ese episodio marcó la fractura de la barra. “Quieren meter otra vez el negocio de la droga en la hinchada”, se defendió Ochoa.
La semana pasada, Pera había denunciado que estaba siendo “amenazado” y “perseguido”. Fue tras el ataque a balazos perpetuado a uno de sus laderos, Sebastián González (38), en la puerta de un boliche. “Nos quieren sacar del medio a los tiros para que no volvamos a la cancha”, reconoció.
Ochoa fue sindicado como el autor del ataque. Quedó detenido y el viernes recuperó la libertad. Logró probar que estaba en su casa a la hora de la balacera.





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